Sonidos perplejos incontinentes, impensables, incesantes. Duchas vacuas llenas de olvido, recuerdos vanos, recursos varios. Sanéame. La cuerda en la casa del ahorcado tal vez no es la cuerda ni el cuchillo con el que le bajan. Tal vez es nada y todo. Solo tal vez es todo eso que a nadie se le ocurrió. Voy a pensar en otra cosa: diré por primera vez todo lo afortunada, revelaré mi fortuna escondida en manos titiriteras, permitirá el paso del caudal del río. Hablaré de otras cosas porque necesito hacerlo. Leeré la poesía inexistente. Regresar a la entraña de mi creación, tendría que explotar para eso. Reventarme desde dentro y caer poco a poco en espacios diversos. Mis átomos necesitan recorrer el tiempo, dame una manecilla, haré un bastón con ella.
Qué pasará cuando al fin te vea, cuando te encuentre, cuando deje de estar triste. Qué sentimiento habrá en mi cuerpo, qué sensación de sanación, purificación, de normalidad desarrollaré como método de defensa. Cómo será al fin verte. Hablar, usar las palabras que nunca imaginé. Escribir las insignias restantes en mi memoria e ir... A esos lugares donde la música se palpa y empalma. A donde los colores radican, donde el cuerpo ya no importa. Qué será de los tatuajes, a donde irán ellos y ellas. Hay un algo, tal vez volverán a ser tinta homogénea lista para volver a ser. O quizá vayan a dónde vamos. Qué diré, cómo actuaré cuando ese día llegue. Y si llegamos tarde, quien tomará el tiempo. Existirá el tiempo. Dónde habrá sitio para dejar todo eso que sobra, el miedo, la rabia, la - entonces terminada- esperanza. Cuándo pueda ver qué se verá.
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