Qué pasará cuando al fin te vea, cuando te encuentre, cuando deje de estar triste. Qué sentimiento habrá en mi cuerpo, qué sensación de sanación, purificación, de normalidad desarrollaré como método de defensa. Cómo será al fin verte. Hablar, usar las palabras que nunca imaginé. Escribir las insignias restantes en mi memoria e ir... A esos lugares donde la música se palpa y empalma. A donde los colores radican, donde el cuerpo ya no importa. Qué será de los tatuajes, a donde irán ellos y ellas. Hay un algo, tal vez volverán a ser tinta homogénea lista para volver a ser. O quizá vayan a dónde vamos. Qué diré, cómo actuaré cuando ese día llegue. Y si llegamos tarde, quien tomará el tiempo. Existirá el tiempo. Dónde habrá sitio para dejar todo eso que sobra, el miedo, la rabia, la - entonces terminada- esperanza. Cuándo pueda ver qué se verá.
Durante un periodo muy largo los derechos de las mujeres fueron objetos en gramáticas regidas por las relaciones de poder, gramáticas en las que el género se ha confundido en la falsa sinonimia con la palabra mujer. La palabra mujer compone al léxico, sin embargo, es un concepto que fue usado para estereotipar a las mujeres. Utilizar la palabra mujer como sinónimo de género y género como sexo desconoce los esfuerzos que se han realizado desde la academia, el activismo y la izquierda, por ejemplo; en pro de la igualdad, la no discriminación y el ejercicio de los derechos de las mujeres. Estas gramáticas contienen y han escrito el Derecho, son las que escriben los discursos de la jerarquía católica, con las que se ha escrito/inscrito en la memoria de mexicanas y mexicanos, mujeres a través de un sin número de imágenes en medios de información, de documentación, de propuestas culturales. Sin embargo, estamos en el momento histórico justo para reivindicar al lenguaje; para retomarlo. ...
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